Santos Patronos

San José

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“Hemos puesto primero a San José, porque es el prototipo, es el modelo del Esclavo, del siervo fiel, del hombre que en silencio sufre, del hombre que en silencio ama, del hombre que en silencio se da a Dios, del hombre que en silencio no comprende su misterio, pero que lo acepta, lo tritura y lo hace vida, del hombre que sirve plenamente a Jesús y a María sin interrogaciones, del hombre que ve que su vida va pasando y va contemplando un misterio que cada vez se hace más inaccesible a sí, del hombre que ama entrañablemente a Yahvé y se considera siervo de Yahvé, del hombre que recibe y acoge en su corazón los amores más ardientes de su vida: la Virgen Santísima y al Niño Jesús; del hombre que sabe silenciosamente, sin decir nada a nadie, guardar los secretos de su Rey. Podía tranquilamente hablar en Nazaret y contar todo, sin embargo, guardó celosamente las arcas reales con sus llaves escondidas en su corazón y cerradas en su oración. Por eso San José aparece como el modelo del Esclavo, de aquél que se da sin preguntas, sin vacilaciones, en el dolor y en el sufrir, pero, muy feliz de darse a Jesús y a María. Todo Esclavo debe ser amante de San José porque en San José se encuentra un modelo acabadísimo y perfectísimo de lo que aspiramos ser en la Iglesia: varones justos…varones santos…varones de Dios, hombres que saben acoger la revelación y esconderla en su corazón y vivir sacrificadamente, victimalmente, para Jesús. San José está envuelto en una nube misteriosa de fe y de entrega.” –P. Aníbal José de María, Fundador de los Esclavos de la Eucaristía y de María Virgen

San Miguel

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Es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael. La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”, “jefe o cabeza de la milicia celestial”. Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento, en el libro del Apocalipsis.

Muy apropiadamente, es representado en el arte como el ángel guerrero, el conquistador de Lucifer, poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo infernal, amenazándole con su espada, traspasándolo con su lanza, o presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno.

La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego.

Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.

San Luis María Grignion de Montfort

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Nació en Montfort, Francia, el 31 de enero de 1673. Desde joven, San Luis tenía una gran devoción a la Eucaristía y a la Virgen María. Mientras estudiaba con los jesuitas en Rennes siempre visitaba la iglesia antes y después de las clases.  Participó en una sociedad de jóvenes que durante las vacaciones servían a los pobres y los enfermos incurables.

Su padre, Jean Grignion, tenía la fama de ser uno de los hombres más coléricos en toda la región de Rennes. Su papá constantemente lo incitaba a la ira. Ya por sí mismo Luis tenía un temperamento tan fuerte como el de su papá, lo cual le hacía aun más difícil soportar aquellas pruebas. Luis aprendió a morirse a si mismo y pudo aprender a ser paciente, dulce y crecer en virtud.

Entre los 16 y 18 años, San Luis tuvo una experiencia de Dios que marcó su vida para siempre. San Luis aprendió rápidamente que lo que verdaderamente valía no eran los grandes acontecimientos en este mundo: el dinero, la fama, etc., sino que el verdadero valor ante Dios estaba en la transformación interior.

En 1693, a los 20 años, siente el llamado de consagrar su vida a Dios a través del Sacerdocio. La primera reacción de su padre no era favorable, pero cuando su papá vio la determinación de su hijo, le dio su bendición.

Su tiempo en el seminario estuvo lleno de grandes pruebas. San Luis era poco comprendido por los demás. No sabían cómo lidiar con él, si como un santo o un fanático. Sus superiores, pensando que toda su vida estaba movida más bien por el orgullo que por el celo de Dios, lo mortificaban día y noche. Y todo esto San Luis lo recibió con gran paciencia y docilidad, como un gran regalo de Cristo quién le había dado a participar de Su Cruz.

El 5 de junio de 1700, San Luis, de 27 años,  fue ordenado sacerdote. Escogió como lema de su vida sacerdotal: “ser esclavo de María”.

San Luis, en el año 1706, recibe del papá el título de Misionero Apostólico. Con gran celo predicaba de pueblo en pueblo el Evangelio.  Su lenguaje era sencillo pero lleno de fuego y amor a Dios.  Sus misiones se caracterizaban por la presencia de María, ya que siempre promovía el rezo del santo rosario, hacía procesiones y cánticos a la Virgen.

Un año antes de su muerte, el Padre Montfort fundó dos congregaciones — las Hermanas de la Sabiduría, dedicadas al trabajo de hospital y la instrucción de niñas pobres, y la Compañía de María, misioneros. Humanamente hablando, en su lecho de muerte la obra parecía haber fracasado. Solo había cuatro hermanas y dos sacerdotes con unos pocos hermanos.

San Luis murió en  Saint Laurent sur Sevre el 28 de Abril de 1716, a la edad de 43 años. Fue canonizado el 20 de Julio de 1947.

San Luis Gonzaga

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Nació el 9 de marzo de 1568, en el castillo de Castiglione delle Stivieri, en la Lombardia. La madre, habiendo llegado a las puertas de la muerte antes del nacimiento de Luis, lo había consagrado a la Santísima Virgen y llevado a bautizar al nacer. Por el contrario, a don Ferrante solo le interesaba su futuro mundano, que fuese soldado como el.

Apenas contaba siete años de edad cuando experimentó lo que podría describirse mejor como un despertar espiritual. Siempre había dicho sus oraciones matinales y vespertinas, pero desde entonces y por iniciativa propia, recitó a diario el oficio de Nuestra Señora, los siete salmos penitenciales y otras devociones, siempre de rodillas y sin cojincillo.  Su propia entrega a Dios en su infancia fue tan completa que, según su director espiritual, San Roberto Belarmino, y tres de sus confesores, nunca, en toda su vida, cometió un pecado mortal.

Desde su primera infancia se había entregado al la Santísima Virgen. A los nueve años, en Florencia, se unió a Ella haciendo el voto de virginidad.

A los doce años había llegado al más alto grado de contemplación. A los trece, el obispo San Carlos Borromeo, al visitar su diócesis, se encontró con Luis, maravillándose de que en medio de la corte en que vivía, mostrase tanta sabiduría e inocencia.

El día de la Asunción del año 1583, en el momento de recibir la sagrada comunión en la iglesia de los padres jesuitas, de Madrid, oyó claramente una voz que le decía: «Luis, ingresa en la Compañía de Jesús.»

Primero, comunicó sus proyectos a su madre, quien los aprobó en seguida, pero en cuanto ésta los participó a su esposo, este montó en cólera a tal extremo, que amenazó con ordenar que azotaran a su hijo hasta que recuperase el sentido común. Pero no hubo nada que pudiese doblegar la voluntad de Luis. Luego de haber dado y retirado su consentimiento muchas veces, Ferrante capituló por fin.

Luis partió hacia Roma y el 25 de noviembre de 1585 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. Acababa, de cumplir los dieciocho años.

Seis semanas después murió Don Fernante. Desde el momento en que su hijo Luis abandonó el hogar para ingresar en la Compañía de Jesús, había transformado completamente su manera de vivir.  El sacrificio de Luis había sido un rayo de luz para el anciano

En 1591, atacó con violencia a la población de Roma una epidemia de fiebre. Los jesuitas, por su cuenta, abrieron un hospital en el que todos los miembros de la orden, desde el padre general hasta los hermanos legos, prestaban servicios personales.

Luis iba de puerta en puerta con un zurrón, mendigando víveres para los enfermos. Muy pronto, después de implorar ante sus superiores, logró cuidar de los moribundos. Luis se entregó de lleno,  limpiando las llagas, haciendo las camas, preparando a los enfermos para la confesión.

Luis contrajo la enfermedad. Había encontrado un enfermo en la calle y, cargándolo sobre sus espaldas, lo llevó al hospital donde servía.

Con los ojos clavados en el crucifijo y el nombre de Jesús en sus labios, expiró alrededor de la medianoche, entre el 20 y el 21 de junio de 1591, al llegar a la edad de veintitrés años y ocho meses.

Fue canonizado en 1726.

Santa Teresa de Jesús

Logo V Centenario

Nace en Ávila el 28 de marzo de 1515. Desde muy pequeña manifestó interés por las vidas de los santos y las gestas de caballería.

Su madre muere en 1528 contando ella 13 años, y pide entonces a la Virgen que la adopte hija suya. A medida que se hace mayor, la vocación religiosa se le va planteando como una alternativa, aunque en lucha con el atractivo del mundo. Una amiga suya ingresa en La Encarnación. Con ella mantendrá largas conversaciones que la llevan al convencimiento de su vocación, ingresando, con la oposición de su padre, en 1535.

Dos años después, en 1537, sufre una dura enfermedad, que provoca que su padre la saque de la Encarnación para darle cuidados médicos, pero no mejora y llega a estar 4 días inconsciente, todo el mundo la da por muerta. Finalmente se recupera y puede volver a La Encarnación dos años despues en 1539.

La vida conventual era entonces muy relajada con cerca de 200 monjas en el monasterio y gran libertad para salir y recibir visitantes. Teresa tenía un vago descontento con este régimen tan abierto, pero estaba muy cómoda en su amplia celda con bonitas vistas, y con la vida social que le permitían las salidas y las visitas en el locutorio.

En la cuaresma del año 1554, contando ella 39 años y 19 como religiosa llora ante un Cristo llagado pidiéndole fuerzas para no ofenderle. Desde este momento su oración mental se llena de visiones y estados sobrenaturales, aunque alternados siempre con periodos de sequedad.

Aunque recibe muchas visiones y experiencias místicas elevadas, es una visión muy viva y terrible del infierno la que le produce el anhelo de querer vivir su entrega religiosa con todo su rigor y perfección, llevándola a la reforma del Carmelo y la primera fundación.

Por mucho tiempo parece que la fundación de la nueva orden tendría sólo este monasterio, hasta que Teresa vuelve a llorar al saber que las necesidades de misiones en América son importantes. Escucha entonces en oración: “…Espera un poco hija, y verás grandes cosas.”, y poco después le llegan instrucciones y autorización para fundar más conventos.

Comienza aquí una intensa actividad de Santa Teresa que sólo termina con su muerte, en la que compaginará el gobierno de su orden, con las fundaciones de nuevos conventos y la redacción de sus libros.

Fundó en total 17 conventos: Ávila (1562), Medina del Campo (1567), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569), Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Beas de Segura (1575), Sevilla (1575), Caravaca de la Cruz (1576), Villanueva de la Jara (1580),  Palencia (1580), Soria (1581), Granada (1582) y Burgos (1582), en el año de su muerte.

La fundación de Granada la hizo Ana de Jesús, aunque en vida de la Santa, por lo que no siempre aparece en las enumeraciones.

Regresando de la fundación de Burgos, hace parada en Medina del Campo, pero es requerida en Alba de Tormes por la Duquesa de Alba. Está enferma y agotada. Muere en brazos de Ana de San Bartolomé la noche del 4 de Octubre al 15 de Octubre de 1582 (y esto por coincidir con el cambio del calendario Juliano al Gregoriano).

Fue beatificada por Pablo V en 1614, canonizada por Gregorio XV en 1622, y nombrada doctora de la Iglesia Universal por Pablo VI en 1970.

San Juan de la Cruz

Portada Tesis P Luis

Nació en Fontiveros hacia el año 1542. Asistió a una escuela de niños pobres en Medina del Campo y empezó a trabajar como criado del director del hospital de Medina del Campo. A los veintiún años, tomó el hábito en el convento de los carmelitas de Medina del Campo. Su nombre de religión era Juan de Santo Matía.

Cuando Santa Teresa de Jesús oyó hablar del hermano Juan, en Medina del Campo, la santa se entrevistó con él, quedó admirada de su espíritu religioso. Le refirió que el prior general le había dado permiso de fundar dos conventos reformados para hombres y que él debía ser su primer instrumento en esa gran empresa.

Poco después, se llevó a cabo la fundación del primer convento de carmelitas descalzos, en una ruinosa casa de Duruelo. En 1570, se inauguró el convento de Alcalá, que era a la vez colegio de la universidad; San Juan fue nombrado rector.

En 1571, Santa Teresa asumió por obediencia el oficio de superiora en el convento no reformado de la Encarnación de Avila y llamó a su lado , San Juan de la Cruz para que fuese su director espiritual y su confesor.

Entre tanto, surgían graves dificultades entre los carmelitas descalzos y los mitigados. Aunque el superior general había autorizado a Santa Teresa a emprender la reforma, los frailes antiguos la consideraban como una rebelión contra la orden. Como Juan se rehusase a abandonar la reforma, le encerraron en una estrecha y oscura celda y le maltrataron increíblemente. A los nueve meses de prisión consiguió escapar.

El santo se dirigió primero al convento reformado de Beas de Segura y después pasó a la ermita cercana de Monte Calvario. En 1579, fue nombrado superior del colegio de Baeza y, en 1581, fue elegido superior de Los Mártires, en las cercanías de Granada.

Después de la muerte de Santa Teresa, ocurrida en 1582, se hizo cada vez más pronunciada una división entre los descalzos. En medio de esa tempestad San Juan cayó enfermo. El provincial le mandó salir del convento de Peñuela y le dio a escoger entre el de Baeza y el de Ubeda, que fue el convento que escogió.

La fatiga del viaje empeoró su estado y le hizo sufrir mucho. El indigno superior le trató inhumanamente, prohibió a los frailes que le visitasen, cambió al enfermero porque le atendía con cariño. Cuando el provincial fue a Ubeda y se enteró de la situación, hizo cuanto pudo por San Juan y reprendió tan severamente al P. Francisco, que éste abrió los ojos y se arrepintió. Después de tres meses de sufrimientos muy agudos, el santo falleció el 14 de diciembre de 1591.

Fue canonizado en 1726. En 1926 fue proclamado doctor de la Iglesia.

Santa Teresita del Niño Jesús

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Nació en Alençon, Francia, el 2 de enero de 1873. Sus padres eran los Beatos Luis Martin y Acelia María Guerin.

Teresa era la última de cinco hermanas – había tenido dos hermanos más, pero ambos habían fallecido – Tuvo una infancia muy feliz. Sentía gran admiración por sus padres: «No podría explicar lo mucho que amaba a papá, decía Teresa, todo en él me suscitaba admiración».

Cuando sólo tenía cinco años, su madre murió. Es educada por sus hermanas, especialmente por la segunda; y por su gran padre. Cuando tenía nueve años, su hermana, que era para ella «su segunda mamá», entró como carmelita en el monasterio de la ciudad. Cuando sólo tenía quince años, estaba convencida de su vocación: quería ir al Carmelo. En el Carmelo vivió dos misterios: la infancia de Jesús y su pasión.

A los 23 años enfermó de tuberculosis; murió un año más tarde en brazos de sus hermanas del Carmelo. Murió en 1897. En 1925 el Papa Pío XI la canonizó. Fue proclamada Doctora de la Iglesia por el Papa Juan Pablo II el 19 de Octubre de 1997.

Santa Catalina de Siena

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Santa Catalina nació en 1347 en Siena. Ella fue favorecida por Dios con gracias extraordinarias desde una corta edad, y tenía un gran amor hacia la oración y hacia las cosas de Dios. A los siete años, consagró su virginidad a Dios a través de un voto privado. A los quince años de edad, asistía generosamente a los pobres, servía a los enfermos y daba consuelo a los afligidos y prisioneros. Como una consagración más formal a Dios, a los diez y ocho años, Santa Catalina recibió el largo hábito blanco y negro de la tercera orden de Santo Domingo. El hecho de pertenecer a una tercera orden significaba que la persona viviría la espiritualidad Dominica, pero en el mundo secular. Ella fue la primera mujer soltera en ser admitida. Durante tres años vivió como en una ermita, manteniéndose en silencio y sin hablar con nadie excepto Dios y su confesor.

Luego de tres años de vida solitaria en su hogar, Santa Catalina sintió que el Señor la estaba llamando en ese momento a llevar una vida más activa. En su ardiente caridad, trabajó intensamente por la conversión de los pecadores, ofreciendo sus continuas oraciones y ayunos. En Siena, cuando hubo un terrible brote de peste, trabajó constantemente para aliviar a los enfermos.

Uno de los mayores logros de Santa Catalina fue su labor de llevar de vuelta el Papado a Roma a partir de su desplazamiento a Francia.

Ella falleció de un ataque súbito a los 33 años en Roma.

El Papa Pío II canonizó a Catalina en 1461, y el Papa Pablo VI le otorgó el título de Doctora de la Iglesia in 1970.

San Maximiliano María Kolbe

Kolbe

El 8 de enero de 1894 nació Raimundo Kolbe quien mas tarde tomaría el nombre religioso de Maximiliano. La casa de los Kolbe era pobre pero llena de amor. Los padres, laboriosos y religiosos educaron con rectitud a los tres niños, llenos de vida y traviesos. San Francisco era el ideal en el que los jóvenes crecieron.

Raimundo ingresó en los Frailes Menores Conventuales en 1907 y tomó el nombre de Maximiliano María. El 4 de septiembre de 1910 vistió el sayal franciscano, ciño a su cintura el cordón de San Francisco, y comenzó su año de noviciado.

En el otoño de 1912, el P. Provincial que siguiera sus estudios de filosofía y teología en Roma. En 1917, por razón del 75 aniversario de la conversión de Alphonse Ratisbon, conocido agnóstico anti-católico, San Maximiliano fue inspirado a fundar una asociación pia de fieles conocida como “La Milicia de la Inmaculada”. Su proposito es promover el amor y el servicio a la Inmaculada, la conversión de las almas a Cristo. Sus miembros se consagran a la Stma. Virgen María.

“Por la misericordia de Dios a través de la intercesión de la Inmaculada, el 28 de abril de 1918, fui consagrado sacerdote de nuestro Señor Jesucristo”, anota Maximiliano. Celebra su primera Misa en el altar de la Aparición en S. Andrés “delle Fratte”, lugar de la conversión de Alfonso Ratisbonne.

En 1929, entre enfermedad y dificultades el P. Kolbe se lanza a una nueva fundación en unos terrenos que le fueron regalados milagrosamente: NIEPOKALANOW, Ciudad de la Inmaculada. En Niepokalanow, María lo es todo.

Consistía de un convento de sacerdotes y hermanos franciscanos comprometidos a promover la Milicia por todas partes por medio del uso de todos los medios de comunicación que estuviesen a su alcance.

Dos años mas tarde San Maximiliano, como respuesta al llamado del Santo Padre a los religiosos a favor de las necesidades misioneras de la Iglesia desea ir al Oriente para fundar otra ciudad de la Inmaculada en Mugenzai No Sono, Japón. La visión del P. Maximiliano era llevar La Inmaculada a todo el mundo.

Un 25 de mayo de 1930 llega a la Niepokalanow polaca este telegrama: “Hoy expedimos El Caballero en japonés. Tenemos imprenta. Viva la Inmaculada. P. Maximiliano”.

En los años de 1935 y 1936 ante el agravamiento de su salud, el nuevo Capitulo Provincial de 1936 nombró al P. Maximiliano superior de la primera Ciudad de la Inmaculada.

Vuelve a Niepokalanow en 1936 y bajo su dirección el número de frailes crece hasta exceder en los meses próximos a la II Guerra Mundial, el número de 900. El apostolado de publicaciones producía en exceso de un millón de revistas mensualmente y 125,000 ejemplares de un diario destinado para el millón de miembros de la Milicia en el mundo.

En septiembre de 1939 estalla la Segunda Guerra mundial. En pocas semanas, el ejercito y toda la nación polaca sufren la humillación de la derrota. El 19 de septiembre se presentó en Niepokalanow la Wermacht alemana. Todos los frailes fueron acorralados en el patio, encolumnados y cargados en camiones rumbo al occidente.

El 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, luego de tres meses de encierro, fueron inexplicablemente liberados. En seguida se organizo la vida religiosa con tandas continuadas de Adoración ante el Santísimo.

Un día de febrero del 1941 por la mañana dos autos negros de la Gestapo se paran ante Niepokalanow. Hacia mediodía, el Padre Maximiliano y otros cinco padres son obligados a introducirse en los autos. Parten para un viaje sin retorno.

Entra en el campo de concentración de Auschwitz el P. Maximiliano la tarde del 28 de mayo de 1941.

Un día, el bloque de San Maximiliano salió para la cosecha de unas parcelas de trigo. Aprovechando algún descuido de los guardias, un preso se fugó. Por la tarde, al pasar lista, se descubrió el hecho. Todos sabían la terrible amenaza del jefe: por cada evadido, 10 de sus compañeros de trabajo, escogidos al azar, serían condenados a morir de hambre en el bunker o sótano de la muerte.

Al día siguiente, a las 18 horas, Fritsch, el comandante del campo, se planta de brazos cruzados ante sus víctimas. Un silencio de tumba sobre la inmensa explanada, atestada de presos sucios y macilentos. “El fugitivo no ha sido hallado… Diez de ustedes serán condenados al bunker de la muerte… La próxima vez serán veinte.”

Con total desprecio a la vida humana, los condenados son escogidos al azar. ¡Este!… ¡Aquel!… grita el comandante. “¡Adiós, adiós, mi pobre esposa! ¡Adiós, mis hijitos, hijitos huérfanos!” dice sollozando el sargento Francisco Gajownieczek.

“Después de la selección de los diez presos atestigua el Dr. Niceto F. Wlodarski, el P. Maximiliano salió de las filas y quitándose la gorra, se puso en actitud de ¡firme! ante el comandante. Este sorprendido, dirigiéndose al Padre, dijo: ‘Que quiere este cerdo polaco?’ El P. Maximiliano, apuntando la mano hacia F. Gajownieczek, ya seleccionado para la muerte, contestó: ‘Soy sacerdote católico polaco; soy anciano; quiero tomar su lugar, porque el tiene esposa e hijos.’

“El comandante maravillado, pareció no hallar fuerza de hablar. Después de un momento, con un gesto de la mano, pronunciando la palabra ¡Raus! ¡Fuera! ordenó a Gajowniczek que regresara a su fila. De este modo, el P. Maximiliano María Kolbe tomó el lugar del condenado”.

Los diez condenados al hambre y la sed bajan al sótano de la muerte del que solo salen cadáveres directamente al crematorio. Bruno Borgowiec, un polaco encargado de retirar los cadáveres, dio su testimonio:

“Después de haber ordenado a los pobres presos que se desnudaran completamente, los empujaron en una celda. […] Diariamente, los guardias inspeccionaban y ordenaban retirar los cadáveres de las celdas. Durante estas visitas estuve siempre presente, porque debía escribir los nombres-números de los muertos, o traducir del polaco al alemán las conversaciones y los pedidos de los presos.

“Desde las celdas donde estaban los infelices, se oían diariamente las oraciones recitadas en voz alta, el rosario y los cantos religiosos, a los que se asociaban los presos de las otras celdas. En los momentos de ausencia de los guardias yo bajaba al sótano para conversar y consolar a los compañeros. Las fervorosas oraciones y cantos a la Virgen se difundían por todo el sótano. Me parecía estar en una iglesia. Comenzaba el P. Maximiliano y todos los otros respondían. A veces estaban tan sumergidos en las oraciones, que no se daban cuenta de la llegada de los guardias para la acostumbrada visita. Sólo a los gritos de estos, las voces se apagaban.”

Así pasaron dos semanas, mientras tanto los presos morían uno tras otro. Al término de la tercera semana, solo quedaban cuatro, el P. Kolbe entre ellos. A las autoridades pareció que las cosas se alargaban demasiado. La celda era necesaria para otras víctimas. “Por esto, un día, el 14 de agosto, condujeron al director de la sala de enfermos, el criminal Boch, el cual propinó a cada uno una inyección endovenosa de ácido fénico. El P. Kolbe, con la plegaria en los labios, ofreció él mismo el brazo al verdugo.”

La Inmaculada se lo llevó la víspera de su gran fiesta: La Asunción. Moría un santo sacerdote en Auschwitz, mártir por Dios, de la Virgen y por un padre de familia. El padre Kolbe venció al mal con el poder del amor. Murió tranquilo, rezando hasta el último momento. Según el certificado de defunción del campo, P. Maximiliano María Kolbe falleció a las 12:50 del 14 de agosto de 1941. Tenia 47 años.”

El 17 de Octubre de 1971 fue beatificado por el Papa Paulo VI.

Un paisano suyo, el Papa Juan Pablo II lo canonizó en 1982: Mártir de la caridad.