Vida religiosa

año vida consagrada

 

“La vida consagrada, enraizada profundamente en los ejemplos y enseñanzas de Cristo el Señor, es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Espíritu. Con la profesión de los consejos evangélicos los rasgos característicos de Jesús —virgen, pobre y obediente— tienen una típica y permanente « visibilidad » en medio del mundo, y la mirada de los fieles es atraída hacia el misterio del Reino de Dios que ya actúa en la historia, pero espera su plena realización en el cielo.” (San Juan Pablo II, Vita consecrata 1)

Como religiosos de votos públicos, nuestra consagración desde la pobreza, castidad y obediencia convierte toda nuestra vida en una búsqueda de Dios, conforme a la gran tradición de la vida religiosa contemplativa en la Iglesia.

“Nuestra vida es eso: vida entera de consagración al amor de Jesucristo. Hemos renunciado a todo. Pero nos hemos encontrado con más. Infinitamente más. Esta renuncia que hacemos amorosamente por Dios, en vez de dejar pobre el alma, la hace inmensamente más rica. Eso es propio de Dios. Poseer a Dios y consagrarle a El sólo nuestro amor y saber que el suyo lo tenemos de un modo singular y único: es una riqueza incomparable. Lo que empieza siendo una renuncia acaba siendo una dicha inefable y un tesoro riquísimo.”