Contemplación

P. Kentenich adorando

“Toda nuestra vida debe ser buscar a Dios: ¡buscarlo siempre! Buscar a Dios en lo próspero y en lo adverso, en lo fácil y en lo difícil, en el descanso y en el trabajo, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte. Buscarle a El ¡siempre! ese es el impulso inicial de toda vida espiritual y mucho más de toda nuestra vida de peregrinos hacia el cielo… ese cielo que es Dios… por eso somos buscadores de Dios “en la noche del tiempo”… por eso somos peregrinos de Dios… pues el cielo es El…”

“Ese vivir sólo de El lo conseguiremos en la ORACIÓN y esa es la misión peculiar que tienen en la Iglesia los Esclavos de la Eucaristía y de María Virgen. Vivimos dedicados a la oración. No es sólo una ocupación preferente, es una vida. Como vida, forma su ambiente interior constante, que anticipa en la tierra la vida del cielo.”

“A imitación de Jesucristo que oraba incesantemente al Padre y buscaba la soledad y el retiro (Cfr. Mc 6,46) para una mayor intimidad con él, la oración debe ocupar un lugar primordial en nuestras vidas. Como auténticos contemplativos, nuestra oración debe ser constante, en todo momento y lugar (Cfr. Lc, 6,12; 11, 1-13; 21,36; Mc 1,35) hasta llegar a convertirnos en oración viviente.”

“Lejos de ser nuestra oración una huida de los hombres, es la mejor forma de estar presente a ellos, pues en la oración se hace más expresiva la comunión de los Santos. En ella, nuestro diálogo con Dios alcanza matices de propiciación, acción de gracias, expiación, reparación e intercesión en favor de los hombres y la Iglesia.”