Santísima Virgen María

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“El espíritu de la Fraternidad es también esencialmente mariano, viviendo cada día con mayor verdad y plenitud su consagración de Esclavos de Amor de María Inmaculada a través de una Alianza de Amor con Ella en grado de Poder en Blanco (disponibilidad total) en el Santuario. Así, sus esclavos, se inspiran en los sentimientos del corazón virginal de la que se llamó a sí misma la Esclava del Señor, disponible a que El escribiera en su vida los planes misteriosos de su Amor Eterno.” (de nuestras Constituciones)

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La dimensión mariana de nuestro carisma es consecuencia del papel de María en el plan de salvación, por voluntad de Dios, tal como lo enseña San Juan Pablo II:

En efecto, si en esta difícil y responsable fase de la historia de la Iglesia y de la humanidad advertimos una especial necesidad de dirigirnos a Cristo, que es Señor de su Iglesia y Señor de la historia del hombre en virtud del misterio de la Redención, creemos que ningún otro sabrá introducirnos como María en la dimensión divina y humana de este misterio. Nadie como María ha sido introducido en él por Dios mismo. En esto consiste el carácter excepcional de la gracia de la Maternidad divina. No sólo es única e irrepetible la dignidad de esta Maternidad en la historia del género humano, sino también única por su profundidad y por su radio de acción es la participación de María, imagen de la misma Maternidad, en el designio divino de la salvación del hombre, a través del misterio de la Redención. (Redemptor Hominis 22)

Virgem e Icone sacerdote

P. José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt, expresó la particularidad de la Santísima Virgen de esta manera:

El carácter personal sobrenatural de la Santísima Virgen consiste en ser y poder ser invocada como la incomparable y digna compañera y colaboradora esponsalicia de Cristo, Cabeza de toda la creación, en toda su obra redentora. (El sacerdote mariano)

vierge marie mere pretres

La misión especial de María hace de ella un gran auxilio para nosotros en nuestro esfuerzo por seguir a Cristo. Este es el motivo por nuestra consagración a ella, expresada clásicamente por San Luis María Grignion de Montfort:

La plenitud de nuestra perfección consiste en asemejarnos, vivir unidos y consagrados a Jesucristo. Por consiguiente, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna, la que nos asemeja, une y consagra más perfectamente a Jesucristo. Ahora bien, María es la creatura más semejante a Jesucristo. Por consiguiente, la devoción que mejor nos consagra y hace semejantes a Nuestro Señor es la devoción a su santísima Madre. Y cuanto más te consagres a María, tanto más te unirás a Jesucristo. La perfecta consagración a Jesucristo es, por lo mismo, una perfecta y total consagración de sí mismo a la Santísima Virgen. Esta es la devoción que yo enseño, y que consiste -en otras palabras- en una perfecta renovación de los votos y promesas bautismales. (Verdadera devoción 120)

1 Anunciación

En Schoenstatt, expresamos esta consagración en término de una Alianza de Amor con la Madre Tres veces Admirable en su Santuario. El P. Kentenich nos explica:

A través de una solemne consagración, esto es, a través de una perfecta y mutua alianza de amor, queremos darnos a ella [María] totalmente y sin reservas para tiempo y eternidad, para que como aliados perfectos podamos siempre estar en su presencia y crecer en santa biunidad con ella, y en ella con Dios Uno y Trino. […]

La alianza de amor no sólo nos da el derecho, sino incluso el deber de hacer buen uso de nuestro derecho de hacer peticiones de amor a nuestra aliada, y de usar ese poder de petición que se nos ha dado. En otras palabras, igual que la Madre de Dios nos hace peticiones a nosotros y nos expresa deseos, nosotros también debemos hacer lo mismo con ella.

5 Coronación de la Virgen

Mary has also been present to her Servants of the Holy Eucharist and of the Blessed Virgin Mary since our foundation. So proclaims our founder, Fr. Anibal:

La Santísima Virgen (así lo palpamos y lo vemos) interviene en favor de los más pobres y de los más desvalidos, de los más míseros, de los mendigos de su amor, de sus esclavos e hijos, y por su iniciativa forma esta comunidad. […] Es decir, que nuestra comunidad es un Belén…es un Belén. Así como en Belén ella trajo la luz misteriosa que no se apagará jamás para la historia de los hombres así también, nos trajo a nosotros, nos dio a luz; hemos nacido en Ella. En medio de la noche hemos nacido en Ella.

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Fue San Luis María de Montfort quien expresó el significado del símbolo de “esclavo”:

Nada hay entre los hombres que te haga pertenecer más a otro que la esclavitud. Nada hay tampoco entre los cristianos que nos haga pertenecer más completamente a Jesucristo y a su santísima Madre que la esclavitud aceptada voluntariamente, a ejemplo de Jesucristo, que por nuestro amor tomó forma de esclavo (Flp 2,7), y de la Santísima Virgen, que se proclamó servidora y esclava del Señor (Lc 1,38). El Apóstol se honra de llamarse servidor de Jesucristo (Rom 1,38; ver 1Cor 7,22; 2Tim 2,24). Los cristianos son llamados repetidas veces en la Sagrada Escritura servidores de Cristo. Palabra que -como hace notar acertadamente un escritor insigne- equivalía antes a esclavo, porque entonces no se conocían servidores como los criados de ahora, dado que los señores sólo eran servidos por esclavos o libertos. […] Afirmo que debemos pertenecer a Jesucristo y servirle no sólo como mercenarios, sino como esclavos de amor, que, por efecto de un intenso amor, se entregan y consagran a su servicio en calidad de esclavos por el único honor de pertenecerle. (Verdadera devoción 72s.)